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31 mayo 2026

20 AÑOS DEL SISS (2006-2026): dos décadas de divulgación y activismo pioneros en SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE y salud ambiental

  • El SISS celebra su 20º aniversario de labor pionera en la divulgación, apoyo y activismo en torno a la sensibilidad química múltiple.
  • Su fundadora, la documentalista María José Moya, gestiona el proyecto de forma ininterrumpida desde 2006 aportando su rigor profesional y experiencia como afectada severa de estas dolencias.
  • La iniciativa, disponible en sensibilidadquimicamultiple.org, cumple dos décadas como espacio digital de referencia en castellano basado en un trabajo riguroso e independiente.
  • Su legado, de veinte años de servicio público, abrió camino y facilita recursos esenciales a pacientes, médicos, otros sectores profesionales e instituciones, así como a quienes buscan eliminar tóxicos de su vida diaria.

MADRID, 21 DE MAYO DE 2026

Dos décadas se dicen pronto, pero para quienes viven en un entorno que enferma, cada día es una batalla silenciosa. Es el caso de la afectada que está detrás del Servicio de Información sobre Sensibilidad Química Múltiple y Salud Ambiental (SISS), espacio que este año alcanza sus 20 años de trayectoria ininterrumpida.

Lo que comenzó como un esfuerzo individual, actuó de catalizador en la toma de conciencia como colectivo de las personas con sensibilidad química múltiple (SQM), y en el posterior desarrollo asociativo en España. Desde sus inicios, el espacio se consolidó como base documental y faro de resistencia para quienes conviven con esta enfermedad, sus comorbilidades, y procesos concomitantes a ellas como las migrañas y las intolerancias alimentarias. En este sentido, la SQM es una dolencia compleja que habitualmente coexiste con otras tres patologías: la encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC), la electrohipersensibilidad (EHS) y la fibromialgia (FM). Se trata de cuatro enfermedades íntimamente relacionadas por un nexo común: la afectación del sistema nervioso central, y la vulnerabilidad de sus pacientes al entorno ambiental.

Un espacio pionero nacido del rigor

Detrás del SISS se encuentra el trabajo incansable de María José Moya Villén. Su doble condición de documentalista profesional y paciente severa le permitió crear un espacio único que, frente a la desinformación y escepticismo inicial que rodeaba a las enfermedades ambientales, aportó rigor desde su origen.

Por un lado, ofrece información y análisis solventes e inéditos en castellano sobre literatura médica estatal e internacional, sentencias judiciales y datos. Y, por otro, facilita herramientas prácticas (propias o traducidas) como protocolos hospitalarios y otros, guías, recomendaciones, directrices médicas, políticas institucionales, legislación, trípticos o dosieres, así como guías de control ambiental (fundamentales para quien busque eliminar tóxicos de su entorno frente a un planeta hipersaturado de químicos sintéticos). Asimismo, su activismo y concienciación fueron claves para abrir camino a través de un trabajo continuado de presencia en medios, charlas y congresos; colaboraciones con profesionales de distintos ámbitos; y creación de campañas históricas ante las administraciones. Al respecto, merece mención aparte el hito alcanzado en 2014 por el equipo de tres profesionales del que formó parte, cuyo trabajo logró que España reconociera oficialmente la SQM al incluirla en su clasificación internacional de enfermedades.

El legado de dos décadas de resistencia

El SISS no es un simple espacio informativo, funciona como un auténtico servicio público autogestionado. A lo largo de estos 20 años sentó las bases de una forma de trabajar; sacó de la línea de salida a la SQM; y, viene facilitando, de forma gratuita, recursos esenciales, como el Manual de iniciación a la SQM y La clasificación de la SQM en diferentes países. Su labor ayuda, ampara y defiende a un colectivo que, si bien en la actualidad sigue teniendo que luchar por hacer efectivos sus derechos, hace dos décadas era absolutamente invisible para las administraciones y la sociedad, y no contaba ni con respaldo sanitario-legal.

En cuanto a ecología práctica, el SISS ha enseñado a identificar sustancias tóxicas cotidianas en ámbitos tan comunes como la limpieza, la cosmética, el textil, la alimentación o la construcción. Esto, ha impulsado una conciencia social hacia el cuidado preventivo de la salud (un enfoque que beneficia a toda la sociedad, no sólo a las personas ya enfermas).

2006 vs. 2026: la deriva hacia un entorno hostil y distópico

Hacer balance de estas dos décadas obliga a analizar cómo ha cambiado el mundo para las personas con SQM o EHS en este tiempo. Lamentablemente, la evolución social, tecnológica y ambiental no les ha traído mayor protección, sino más riesgos.

En el año 2006, la situación era preocupante, pero no había alcanzado los niveles de saturación actuales (fue en ese entorno donde el SISS nació, ante la completa ausencia de espacios de divulgación, y un contexto donde todo estaba por hacer). Sin embargo, dos décadas después, factores como la proliferación descontrolada de sustancias químicas sintéticas en espacios públicos, el despliegue masivo de tecnologías inalámbricas como el 5G, y la digitalización forzosa de la vida cotidiana, han reducido drásticamente los espacios libres de exposiciones, gracias a una legislación que lo ampara y promueve. Esta situación impone un confinamiento severo y una total indefensión a los afectados de SQM y EHS.

Por otro lado, Internet ha cambiado. En 2006, los contenidos rigurosos se posicionaban de forma natural. Hoy día, sin embargo, se encuentra sepultada por algoritmos comerciales, desinformación, inteligencia artificial, y redes sociales (plataformas antes inexistentes, que buscan retener a los usuarios y monetizar el trabajo de terceros a costa de restar visibilidad a los espacios externas, como el SISS). Toda esta estructura desplaza la labor de los espacios serios e independientes, reduciendo drásticamente su alcance.

Mirando al futuro: un espacio más necesario que nunca

Cumplir 20 años representa el triunfo de un tesón extraordinario frente a la adversidad, en un mundo que insiste en mirar hacia otro lado. La persistente proliferación descontrolada de sustancias sintéticas y del despliegue tecnológico —que no considera la evidencia científica independiente, ni tampoco aplicar el principio de precaución—, evidencia que la labor del SISS continúa siendo necesaria. Porque el modelo de progreso actual insiste en ignorar los límites del cuerpo humano frente a la toxicidad ambiental (tanto química, como electromagnética).

Desde el inicio pionero del SISS, su trayectoria rigurosa, comprometida e independiente convirtió el espacio en referente de la SQM y de sus tenas transversales.

Hoy, más que nunca, requiere del apoyo, la difusión, la suscripción a sus artículos y las donaciones de su comunidad para preservar su fondo documental y actividad divulgadora. Dos décadas después, el SISS sigue demostrando que el rigor informativo es la mejor defensa frente a la indiferencia y la desinformación.


¿Ves interesante la labor de este espacio pionero
en SQM, comorbilidades y tóxicos?
La realiza, desde 2006, una afectada grave de SQM, EHS, EM/SFC, FM, migrañas, lumbalgia crónica, síndrome de Tietze, síndrome miofascial de la ATM y tinnitus, entre otras dolencias. Apoya su continuidad con un donativo (puntual o repetido) en ES06 2100 2550 4213 0031 9453 [CaixaBank] o en PayPal. También subscríbete a sus artículos pinchando aquí (es gratis) y difúndelos entre tus contactos, redes y grupos.

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