María José Moya Villén
Cuando pensamos en la contaminación del planeta, solemos imaginar cielos cubiertos de humo o mares llenos de plásticos. Sin embargo, existe una amenaza silenciosa que avanza justo debajo de nuestros pies: en la tierra donde se cultivan nuestros alimentos.
Un dato clave: “el 95% de nuestros alimentos se producen directa o indirectamente en los suelos” (FAO, 2018).
UN RECURSO FINITO Y VITAL EN CUENTA ATRÁS: DESTRUIMOS EN POCOS AÑOS LO QUE LA NATURALEZA TARDA MIL AÑOS EN CREAR
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la contaminación de los suelos está comprometiendo nuestro futuro. Afecta “a los alimentos que comemos, al agua que bebemos, al aire que respiramos, a nuestra salud y a la de todos los organismos del planeta”. Todo ello depende de un “suelo sano”, sin embargo, “la gran mayoría de los contaminantes” son “resultado de la acción humana” (FAO, 2018).
El profesor Rattan Lal [*] coincide en ello: “los seres humanos son la causa principal de la degradación del suelo, así como de la alteración y contaminación de este recurso finito”, y esto supone “una emergencia mundial de salud pública” (Lal, 2025).
La formación de suelo es un proceso sumamente lento: la naturaleza necesita unos “1.000 años para formar 1 cm de capa arable superficial”, lo que significa que “el suelo que vemos es todo el que hay disponible” (FAO, 2018). Pero a pesar de ser un recurso vital y limitado, y de que “aproximadamente el 40 % de los suelos del mundo están degradados” ya por la actividad humana, el ritmo de degradación global sigue produciéndose a un ritmo alarmante: “hasta 20 hectáreas por minuto, o 10 millones de hectáreas por año” (Lal, 2025).
La comunidad científica lleva tiempo avisando. Desde la década de 1990 viene documentando “la magnitud y la gravedad de la degradación global del suelo y sus efectos” (Lal, 2025).
[*] Rattan Lal: es una de las máximas autoridades mundiales en la Ciencia del Suelo. Galardonado con el World Food Prize en 2020.
MÁS DE 900 MILLONES DE PERSONAS EN ZONAS DE ALTO RIESGO: RADIOGRAFÍA DE LA CONTAMINACIÓN GLOBAL POR METALES TÓXICOS
En abril de 2025 se presentó el primer mapa mundial sobre la contaminación de los suelos por metales tóxicos. Bajo el título “La contaminación global del suelo por metales tóxicos amenaza la agricultura y la salud humana”, esta investigación fue liderada por Deyi Hou [*] y publicada por la revista Science.
Su objetivo fue detectar los principales elementos contaminantes: “arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, níquel y plomo” (Hou et al., 2025).
Se trata de la evaluación más completa realizada hasta la fecha. Además, el mapeo abarca “el 63 % de la superficie terrestre”, excluyendo desiertos y regiones de permafrost (Nature, 2026). Según explica el propio Hou, “este estudio cuantifica y cartografía la contaminación a alta resolución en todos los continentes” (Nature, 2026).
Los resultados revelaron una realidad preocupante, tras el análisis de los principales metales tóxicos en el suelo de cerca de 800.000 mediciones procedentes de casi 1.500 estudios regionales, y utilizar algoritmos de aprendizaje automático “para buscar patrones y completar la información faltante” (Nature, 2026): “entre el 14 y el 17 % de las tierras de cultivo mundiales (unos 242 millones de hectáreas) superan los límites de seguridad agrícola para metales tóxicos”, y, entre 900 y 1.400 millones de personas se encuentran en zonas que rebasan los umbrales para la salud humana y ecológica, lo que las expone a “riesgos elevados” (Tsinghua University, 2025).
Uno de los hallazgos más sorprendentes del mapa fue el descubrimiento de la existencia de una franja de especial peligro que recorre la Eurasia de baja latitud. Abarca “el sur de Europa, Oriente Medio, el sur de Asia y el sur de China”. Este cinturón coincide con la distribución geográfica de grandes culturas antiguas “como las civilizaciones griegas, el Imperio Romano, la cultura persa, la antigua India y la cultura china del río Yangtsé” (Tsinghua University, 2025). Miles de años de actividad humana como la minería y la fundición, cuyos efectos son acumulativos, dejaron una herencia tóxica que persiste hasta el día de hoy.
En resumen: los resultados del este trabajo “subrayan que la contaminación del suelo representa una amenaza generalizada y persistente para la seguridad alimentaria mundial y la salud pública”, dice Hou (Nature, 2026).
[*] Deyi Hou: es uno de los científicos más influyentes del mundo en su área de investigación. Se encuentra dentro del 2 % de los científicos más citados del mundo, según la prestigiosa clasificación internacional de Universidad de Stanford.
LOS MOTORES QUE AGRAVAN LA CRISIS: DE LAS TRINCHERAS A LA PARADOJA DE LAS “ENERGÍAS VERDES”
Hay dinámicas medioambientales y humanas que aceleran y agravan la contaminación y la degradación de las tierras cultivables de forma alarmante.
Las variables no antropogénicas
El clima, la configuración del relieve, las propiedades del suelo (como el pH, la textura o el contenido de materia orgánica)… son elementos que pueden alterar la contaminación presente en el suelo. Por ejemplo, “las altas temperaturas y las precipitaciones aceleran la liberación de metales” (Universidad de Tsinghua, 2025), lo que facilita su desplazamiento y llegada a capas más profundas o a aguas subterráneas.
Las operaciones militares
Las guerras y las actividades militares liberan altas cargas de metales tóxicos a través del uso de municiones y explosivos, la fabricación de armamento, los ejercicios militares, las prácticas en campos de tiro…
Un ejemplo: la destrucción masiva de infraestructura en la guerra Rusia-Ucrania está liberando toneladas de metales y otros contaminantes al medio ambiente. Los estudios “confirman aumentos significativos de concentraciones de metales” en el suelo ucraniano afectado por la invasión rusa (plomo, cadmio, mercurio, cobre, zinc, níquel, cobalto, estaño, manganeso, selenio, aluminio).
Esto es particularmente preocupante porque “los chernozems [*] de Ucrania se encuentran entre los suelos más productivos y de mayor calidad del planeta”, y, este país es uno de los mayores exportadores de grano y de productos agrícolas del mundo (no en vano se le llama el granero del mundo y el granero de Europa). Por tanto, el incremento severo de metales tóxicos en estas tierras pone en riesgo el suministro y la seguridad alimentaria mundial a largo plazo (Ondrasek et al., 2025).
Y, a ello se suma que se espera que el impacto de la contaminación producida por la guerra ruso-ucraniana tenga impacto “no solo en las regiones afectadas, sino también a nivel mundial”, y que sus efectos sean duraderos (Ondrasek et al., 2025).
Otros conflictos en curso cuya toxicidad será duradera tanto en los territorios de conflicto como en el resto del planeta son los del genocidio de Palestina (Gaza / Cisjordania) y la invasión de Líbano por parte de Israel, y el de la guerra de los EE. UU. de Trump contra Irán.
[*] Chernozems o "tierras negras": son el tipo de suelo más fértil del mundo. Su color es negro debido a su alto contenido en materia orgánica. Cubre el 56,5 % de Ucrania, lo que supone “más de un cuarto de la tierra negra cultivable del planeta” (más información aquí).
La transición energética
Las supuestas “energías limpias” están suponiendo una gran paradoja ambiental: la carrera por limpiar el aire del planeta, puede envenenar la tierra que nos da de comer.
La fabricación masiva de paneles solares, turbinas eólicas y baterías para vehículos eléctricos ‒entre otras nuevas tecnologías‒ está exigiendo la extracción de una cantidad sin precedentes de metales críticos, cuyo proceso de explotación minera es sumamente contaminante. Mucho más que el de la minería tradicional (como el hierro o el carbón). Así que la creciente demanda “conlleva el riesgo de aumentar la contaminación ambiental” (Universidad de Tsinghua, 2025). La nota editorial que antecede al estudio liderado por Hou lo menciona: “la contaminación del suelo por metales es un problema mundial que probablemente aumentará con la creciente demanda de metales tóxicos para las nuevas tecnologías” (Hou, 2025).
Los efectos sinérgicos (los microplásticos)
La presión combinada de diferentes actividades humanas en el medioambiente genera sinergias que agravan todavía más la toxicidad de los suelos. El caso de la contaminación por plásticos, vertidos y emisiones atmosféricas de actividades industriales, o compuestos orgánicos persistentes, es ilustrativo de ello (Ondrasek et al., 2025).
Por ejemplo, se ha descubierto que la adición de microplásticos a un suelo contaminado con cadmio altera la química de la tierra haciendo que el cadmio sea más fácil de absorber por las plantas. Es decir, el plástico actúa como acelerador de la toxicidad, al incrementar la biodisponibilidad del cadmio.
Es importante destacar que el suelo es un sistema de variables e interacciones complejo, “lo que dificulta enormemente la identificación de efectos específicos y sinérgicos” (Ondrasek et al., 2025).
Las prácticas de riego
El tipo de riego utilizado condiciona si los metales son absorbidos por las plantas, o si se filtran hacia las fuentes de agua potable. Por ejemplo, el riego por inundación los arrastra para abajo, hacia los acuíferos subterráneos; mientras que el riego por goteo, los mantiene y concentra en la superficie, donde las raíces los absorben.
También debe citarse el uso de aguas residuales tratadas. Aún depuradas, contienen restos de metales, como plomo o cadmio. Así que, el riego con ellas, año tras año, los acumula en la tierra.
DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN EN EUROPA: HASTA UN 70 % DE SUS SUELOS EN MAL ESTADO
Recientemente publicó un informe sobre este asunto. Sus conclusiones contienen tres puntos de interés aquí (Yunta et al., 2025):
- “La contaminación del suelo es un problema medioambiental importante en Europa, con varios factores que contribuyen a su degradación, entre ellos la actividad industrial, las zonas urbanas, el sector del transporte, la agricultura, así como las catástrofes [naturales y antropogénicas] y las actividades militares”.
- “Las repercusiones de la contaminación del suelo en Europa son múltiples y de gran alcance, lo que plantea importantes desafíos para la sostenibilidad medioambiental, la salud pública y el bienestar socioeconómico”.
- “Los contaminantes emergentes, como las PFAS, los microplásticos y las nanopartículas, plantean importantes desafíos para el monitoreo ambiental, por lo que la armonización y estandarización de los datos es esencial para abordar estos retos”.
La gravedad de estas conclusiones institucionales coincide con los datos de la comunidad científica: “entre el 60 y el 70 % de los suelos de la Unión Europea se encuentran en mal estado debido a diversos factores naturales y antropogénicos” Lal (2025).
LOS ENEMIGOS INVISIBLES EN TU PLATO: TIERRA ENFERMA, SALUD AMENAZADA
La contaminación de los suelos es invisible. No es posible percibir físicamente si las raíces de una planta han absorbido la toxicidad de su entorno: los cultivos no cambian de color, olor o sabor por ello.
Sin embargo, como avisa Lal (2025), si la tierra está enferma, nuestra alimentación también lo está. La seguridad alimentaria no empieza en la cocina ni en el mercado, sino en la tierra que pisamos.
Las personas con sensibilidad química múltiple (SQM) severa experimentan esta relación causa-efecto de forma directa. Este colectivo no consume alimentos ecológicos por preferencia, sino por necesidad. No hacerlo puede desencadenarles efectos adversos, incluso desastrosos y duraderos durante meses.
“Existe un fuerte vínculo entre la salud del suelo y la salud humana”. Los suelos son fuente de servicios ecosistémicos esenciales, entre los que se incluyen “la producción de alimentos y biomasa, el almacenamiento y secuestro de carbono (C), ser hábitat para la biodiversidad, la depuración y renovación del agua, y el ciclo de los nutrientes, entre otros”. Por ello, “los suelos sanos y bien gestionados son fundamentales para la existencia humana” (Lal, 2025).
Se estima que la población mundial “supere los 9.000 millones en 2050”, por lo que la tasa actual de degradación del suelo amenaza directamente la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades más básicas (FAO, 2018).
¿REVERTIR LA INERCIA DESTRUCTORA PARA NO COLAPSAR O SEGUIR CEDIENDO A LOS INTERESES ECONÓMICOS? LA DIFÍCIL HOJA DE RUTA PARA DESINTOXICAR LA TIERRA
El suelo debe ser fuente de vida y salud, no una vía invisible de enfermedad. Su contaminación provoca reacciones en cadena que incluyen:
- Alteración en su biodiversidad.
- Reducción de su materia orgánica.
- Disminución de su capacidad para actuar como filtro.
- Contaminación del agua almacenada en el suelo y los acuíferos.
- Desequilibrio de nutrientes.
- Empeoramiento de la resiliencia medioambiental ante inundaciones y sequías, y agravamiento de los problemas causados por el cambio climático.
Es necesario señalar que la producción agrícola insostenible, como la intensiva, agota los suelos (algo que ya ha ocurrido en “muchos países”), y esto reduce su capacidad para degradar los contaminantes orgánicos, lo que aumenta el riesgo de que “se liberen al medio ambiente” (FAO, 2018).
Soluciones basadas en la naturaleza
La comunidad científica se está centrando en buscar soluciones biológicas. Hou afirma que “la fitorremediación y la biorremediación ofrecen soluciones respetuosas con el medio ambiente para estabilizar o eliminar contaminantes, al tiempo que restauran las funciones del ecosistema del suelo” (Nature, 2026).
Entre las técnicas de fitorremediación destaca el uso de plantas hiperacumuladoras para absorber los tóxicos de los suelos contaminados con el fin de limpiarlos; y, entre las de biorremediación, sobresale la utilización de comunidades microbianas para degradar o inmovilizar contaminantes (Khan et al., 2026).
Otro ámbito en que se están centrando los investigadores es comprender los efectos a largo plazo de los metales tóxicos en la salud del suelo, los ecosistemas y la biodiversidad.
Un llamamiento a la acción
Más allá del ámbito científico, Lal (2025) señala que “urge aumentar la concienciación” sobre la magnitud de esta “grave emergencia de salud pública” para exigir “medidas inmediatas y urgentes” mediante un plan de acción bien diseñado y coordinado a diferentes niveles: local, estatal, nacional, continental y mundial.
"Si se mantiene la tendencia actual” –advierte‒, “sin un esfuerzo sincero para abordar el problema desde la raíz mediante la participación de cada habitante del planeta, los impactos adversos en la cantidad y calidad de la producción de alimentos [de consumo humano y piensos] pueden poner en peligro tanto la salud humana como la planetaria".
Esta amenaza es más preocupante aún en el contexto actual de cambio climático, merma y contaminación de recursos hídricos, pérdida acelerada de biodiversidad, y disminución de recursos por habitante.
REFERENCIAS
- Biswakarma, J. (2025, 17 abril). ‘Heavy metals’ contaminate 17% of the world’s croplands, say scientists. The Conversation.
- FAO (2018, 2 de mayo). La contaminación de los suelos está contaminando nuestro futuro: 6 razones por las cuales debería preocuparnos la #ContaminacióndelSuelo. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
- Hou, D., Jia, X., Wang, L., McGrath, S. P., Zhu, Y., Hu, Q., Zhao, F., Bank, M. S., O’Connor, D., Nriagu, J. (2025). Global soil pollution by toxic metals threatens agriculture and human health. Science.
- Khan, M. M., Qiu, B., Zhu, Z. (2026). Heavy metals in agriculture: sources, industrial applications, plant toxicity, and remediation approaches. International Journal of Molecular Sciences.
- Lal, R. (2025). Soil degradation and pollution as the global public health emergency. Medical Research Archives.
- Nature (2026). How ancient pollution threatens health and agriculture [resumen de la investigación externa dirigida por D. Hou et al. en 2025].
- Ondrasek, G., Shepherd, J., Rathod, S., Dharavath, R., Rashid, M. I., Brtnicky, M., Shahid, M. S., Horvatinec, J., Rengel, Z. (2025). Metal contamination – a global environmental issue: sources, implications & advances in mitigation. RSC Advances.
- Tsinghua University (2025). Professor Deyi Hou’s group unveils first global mapping of toxic metal pollution in soils [nota de prensa].
- Yunta, F. et al. (2025). Harmonizing soil pollution data and knowledge in Europe: a collaborative effort towards achieving healthy soils by 2050. European Commission.
MÁS INFORMACIÓN
Ramos-Romero, S. S., Benavides-Rosales, H. R., Peña-Chamorro, J. J. (2026). Advances in modelling the transport of heavy metals in agricultural soils and their leaching into groundwater: an integrative critical review. Frontiers in Environmental Science.
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