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26 junio 2026

Tu cerebro no es la excepción: veinte años de investigación han encontrado MICROPLÁSTICOS en todos tus órganos, tejidos y fluidos (y la carga ambiental sigue aumentando)



Desde que fueron detectados en el cuerpo humano por primera vez, los científicos han hallado microplásticos en cada rincón de nuestro organismo. Su presencia en el cerebro es especialmente preocupante.

María José Moya Villén

UN POCO DE CONTEXTO HISTÓRICO

La producción mundial de plásticos y su uso masivo fuera del ámbito militar comenzaron alrededor de 1950, tras la Segunda Guerra Mundial. Menos de un siglo después, se han convertido en una amenaza silenciosa para el medio ambiente y la salud en todo el planeta.

La organización británica Our World in Data apunta, con datos de la OCDE, que “la contaminación por plásticos tiene que ver principalmente con cómo se gestionan los residuos, no con la cantidad que se produce”.


2004: NACIMIENTO DEL CONCEPTO MICROPLÁSTICOS Y PRIMERAS EVIDENCIAS DE SU EXPANSIÓN GLOBAL EN EL MEDIO AMBIENTE

El estudio de los microplásticos se inició a principios del siglo XXI. Por entonces, se consideraba que eran un problema de contaminación ambiental, sobre todo.

El término “microplastics” lo acuñó Richard Thompson et al. en 2004 en un estudio [1] que concluyó que estas partículas microscópicas de plástico están ampliamente distribuidas en el medio marino y pueden ser ingeridas por organismos marinos.

Poco después se constató su presencia en el agua que bebemos, la comida que ingerimos y el aire que respiramos (es decir, en todas partes). En ese momento, la hipótesis inicial fue que el organismo humano los eliminaba a través de las heces o la orina sin consecuencias relevantes.

[1] El trabajo lo lideró el biólogo marino Richard Thompson de la Universidad de Plymouth (Reino Unido).


2019: DETECCIÓN EN HECES HUMANAS, COMO PRIMERA EVIDENCIA DIRECTA EN EL ORGANISMO HUMANO

El hallazgo lo realizaron Schwabl et al. El estudio, de origen austriaco y publicado en 2019, confirmó su presencia en el intestino, su ingestión habitual y que atraviesan el sistema digestivo.

Además, durante la presentación de los resultados preliminares [2] en 2018, el principal autor, Philipp Schwabl, ya advirtió de que “las partículas de microplástico más pequeñas son capaces de entrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático e incluso alcanzar el hígado”. Con ello, avisó de que podían atravesar las barreras biológicas que protegen el cuerpo humano y llegar a otras partes del organismo.

[2] Philipp Schwabl es gastroenterólogo y hepatólogo en la Universidad Médica de Viena. Sus declaraciones las realizó durante la 26ª UEG Week celebrada en Viena en 2018, por la organización europea United European Gastroenterology.


2022: DETECCIÓN EN SANGRE HUMANA: UN CAMBIO DE PARADIGMA

El hallazgo lo realizó un estudio holandés (Leslie et al., 2022). El descubrimiento supuso un punto de inflexión: si las partículas podían circular por el organismo a través del torrente sanguíneo, esto quería decir que también podían distribuirse por todo el organismo, aumentando la posibilidad de alcanzar partes alejadas de las principales vías de entrada.


2021-2024: DETECCIÓN EN ÓRGANOS, TEJIDOS Y FLUIDOS HUMANOS

En los años siguientes, los estudios identificaron microplásticos en los pulmones (2022), el hígado (2024), el riñón (2024), la placenta (2021), la leche materna (2022), los testículos (2024), el pene (2024) y el corazón (2023), entre otros.


2025: DETECCIÓN EN EL CEREBRO HUMANO Y NUEVO PUNTO DE INFLEXIÓN

Durante años se consideró que la barrera hematoencefálica (encargada de proteger el cerebro de sustancias potencialmente dañinas), impediría el paso de microplásticos a esta zona. Se creía que actuaría de barrera inexpugnable. Sin embargo, un estudio principalmente estadounidense (Nihart et al., 2025) puso de manifiesto que estas partículas pueden acumularse también en el tejido cerebral humano, incluso en concentraciones superiores a las observadas en otros órganos ya analizados como hígado o riñón. Este hallazgo constató que el cuerpo humano ya no tiene zona alguna libre de microplásticos.

En modelos animales, un estudio chino en ratones (Huang et al., 2025) muestra que los microplásticos presentes en el torrente sanguíneo pueden inducir trombos cerebrales por obstrucción celular; además de provocar anomalías neuroconductuales (es decir, pueden inducir fallo vascular y disfunción neurológica).


UNA NUEVA ETAPA EN LA INVESTIGACIÓN: CUANTIFICAR LOS EFECTOS EN LA SALUD

La presencia de microplásticos en el organismo está cada vez mejor documentada. Ahora, el reto ya no es localizarlos en el organismo humano, sino una cuestión más compleja: determinar sus efectos biológicos y sus implicaciones a largo plazo para la salud, puesto que están presentes en nuestros cuerpos de forma profunda y pueden liberar sustancias químicas tóxicas.

El efecto tóxico de un microplástico va a depender de varios factores, tales como su tamaño (a menor tamaño, mayor toxicidad), su forma y, lo más importante, su contenido en aditivos químicos tóxicos asociados al plástico, dice Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC (Villarreal, 2025).

No obstante, aunque “aún no entendemos del todo sus efectos acumulativos a largo plazo”, se sabe que “muchos de estos plásticos contienen aditivos químicos (fenoles, ftalatos, PFAs…) que actúan como disruptores endocrinos, interfiriendo con el equilibrio hormonal y potencialmente causando efectos adversos en la salud”, señala Daniela Silva, especialista en Medicina Interna y directora médica en Cigna Healthcare España (Villarreal, 2025).

También se sabe, por un estudio del CSIC (Tamargo, 2022), que “los microplásticos son capaces de tener efectos en la salud a nivel digestivo”. En concreto, “la ingesta de microplásticos reduce la diversidad bacteriana de la microbiota del colon, además de producir una alteración del equilibrio en los microorganismos presentes. Este factor suele conllevar un mayor riesgo de ciertas enfermedades” (Villarreal, 2025).


¿CUÁLES SON LAS VÍAS DE ENTRADA AL ORGANISMO?

Hay tres: la ingestión, la inhalación y el contacto dérmico. En el caso de la inhalación, el estudio británico de Jenner et al. (2022) fue el que, no solo descubrió por primera vez microplásticos en los pulmones de personas vivas, sino que las partículas halladas habían sido inhaladas (independientemente de que el riego sanguíneo a los pulmones pueda ser un factor).

Las fuentes de microplásticos son múltiples: están en los alimentos (por contaminación, procesado, envasado y manipulación), en el agua potable, en los textiles sintéticos, en los productos y residuos plásticos (cuando liberan partículas al fragmentarse, degradarse o sufrir desgaste por abrasión, como ocurre con los envases, bolsas y neumáticos), en las actividades de reciclaje de plásticos, en muchos artículos de uso cotidiano (como los cosméticos, productos de higiene y aseo personal, o pinturas)… Una vez entran en el organismo y llegan a la sangre, pueden distribuirse a cualquier sitio.


CUESTIÓN DE SALUD PÚBLICA

La creciente detección de microplásticos en todo el cuerpo humano en poco tiempo refleja una revolución en las técnicas de detección, no un cambio repentino en la exposición humana.

En todo caso, “la investigación en microplásticos se ha acelerado en la medida en que la contaminación ha pasado de ser una inquietud ecologista a una cuestión de salud pública”, señala el ambientólogo Alberto Vizcaíno (Villarreal, 2025). Y, prosigue: de los avisos tempranos con imágenes en la televisión de cetáceos varados y albatros muertos con el estómago lleno de plásticos “hemos pasado a llamadas de atención por la ubicua presencia de microplásticos en todas las muestras analizadas, ya sean de fondos marinos, nieves en cumbres remotas, heces de humanos vivos, tejido pulmonar o cerebros de personas muertas”.


EVOLUCIÓN DEL FOCO DE INVESTIGACIÓN

En pocos años, la investigación ha documentado microplásticos en el conjunto del medio ambiente (aire, suelos y medios acuáticos), vida silvestre y cuerpo humano (cabello, saliva, esputos, sangre, colon, placenta, tejidos, meconio, bazo…). Esto confirma la advertencia que había lanzado el investigador austríaco Philipp Schwabl en 2018 (mencionada antes): los microplásticos pueden invadir el organismo humano. De ahí el interés actual por determinar sus posibles efectos biológicos.

Los interrogantes centrales de la investigación sobre los microplásticos han ido cambiando con el tiempo. Su evolución puede resumirse así (las fechas son aproximadas):

  • 2000-2020. ¿Están presentes en el medio ambiente? La respuesta fue afirmativa (University of Plymouth, ¿2024?). Asimismo, la detección de microplásticos en heces humanas, en 2019, elevó la preocupación científica: la exposición no era exclusivamente un problema medioambiental.

  • 2020 -2022. ¿Pueden entrar en el organismo humano? La respuesta fue que sí. Dos hitos marcaron este período: su detección en la placenta (2021), porque evidenció la exposición fetal a través de la madre; y en sangre (2022), porque reveló su mecanismo de distribución por el organismo.

  • 2022-2025. ¿Hasta dónde llegan en nuestro cuerpo? Se descubrieron en todos los órganos, fluidos y tejidos. Destacó su hallazgo en pulmones (2022), porque mostró que las partículas inhaladas podían acumularse en el tejido pulmonar profundo; en el corazón (2023); y en el cerebro (2025), porque derribó la creencia de que la barrera hematoencefálica lo protegería.

  • Desde 2025. ¿Qué efectos producen en la salud humana?

EPÍLOGO

Recientemente, con motivo del 20º aniversario del estudio que acuñó el término microplásticos (Thompson et al., 2004), su autor principal realizó una revisión del estado actual del conocimiento en esta materia (Thompson et al., 2024), de la que pueden extraerse las siguientes conclusiones:

  • La investigación ha identificado múltiples fuentes de estas partículas; así como su amplia distribución en el medio ambiente, su redistribución por todo el planeta a través del viento y el agua, su biodisponibilidad y su impacto (en función de la toxicidad y el comportamiento de sus componentes químicos ante factores ambientales como la luz solar o los líquidos).

  • Más de 7.000 estudios confirman su omnipresencia y acumulación en el medio ambiente (incluyendo regiones remotas), fauna silvestre, cuerpo humano; y aquello con lo que las personas interactuamos (alimentos, bebidas, ropa…).

  • En la fauna se han detectado en más de 1.300 especies de toda la cadena trófica, desde insectos a depredadores superiores; además de evidencias de efectos tóxicos y de riesgos físicos por ingestión al confundirlos con comida.

  • En cuanto a la salud humana, aunque algunos microplásticos son eliminados a través de la orina, las heces y la respiración, muchos permanecen en el organismo. Los indicios asocian su presencia con inflamación, estrés oxidativo, respuesta inmunitaria y daño genético. La evidencia al respecto es cada vez más sólida.

  • La situación es especialmente preocupante porque la contaminación seguirá aumentando incluso si las emisiones cesaran hoy, debido a la degradación continua de los residuos plásticos ya existentes. Además, la eliminación de los microplásticos del medio ambiente es prácticamente imposible. Las proyecciones indican que las emisiones actuales de millones de toneladas podrían duplicarse con creces para 2040, y supondrán un daño a gran escala. Pero si no se aplican medidas eficaces, las perspectivas serán peores aún.

  • La evidencia disponible es suficiente para justificar una acción internacional urgente orientada tanto a la reducción de la producción de plásticos; como al rediseño de sus materiales para evitar que liberen microplásticos. Se trata de un desafío ambiental y sanitario global.

La contaminación por microplásticos es consecuencia de acciones y decisiones humanas, y sus implicaciones para el planeta y la humanidad son ya alarmantes (Raubenheimer, 2024). Es urgente una solución.


REFERENCIAS

- Geyer, R., Jambeck, J. R., Lavender Law, K. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances.
- Hull York Medical School (2022, 6 de abril). Scientists discover microplastics in deepest section of the lungs [nota de prensa].
- Raubenheimer, K. (2024, 20 de septiembre). Scientists reviewed 7,000 studies on microplastics. University of Wollongong [Karen es coautora de la investigación de Thompson et al. de 2024].
- Ritchie, H., Samborska, V., Roser, M. (2023, actualizado en 2026). Plastic pollution. Our World in Data.
- Thompson, R. C. et al. (2004). Lost at sea: where is all the plastic? Science.
- University of Plymouth [2024?]. Are microplastics a big problem?
- Villarreal, A. (2025, 4 de abril). No hay ninguna parte del cuerpo a salvo de los microplásticos. SINC.


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