Y su resultado es claro y contundente, mereciendo en este sentido especial atención las imágenes, con magníficas explicaciones que lo acompañan (de las que he entresacado para este artículo las de mayor interés).
NOTAS(1) “An assessment of the state of the science of endocrine disruptors prepared by a group of experts for the United Nations Environment Programme and World Health Organization”.(2) Los autores del informe pertenecen a un grupo de trabajo del IOMC (Inter-Organisation Programme for the Sound Management of Chemicals). El IOMC es un programa creado en 1995, por recomendación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992. Su fin es aumentar la cooperación y coordinación internacional sobre seguridad química y en él participan la FAO —Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura—, la OIT —Organización Internacional del Trabajo—, el PNUD —Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo—, el PNUMA —Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente—, la ONUDI —Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial—, el UNITAR —Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación—, la OMS, el Banco Mundial y la OCDE.(3) La publicación la edita la OMS; y está auspiciada por el PNUMA (UNEP en inglés) y la OMS (WHO en ingles). Sin embargo, para evitar un compromiso directo con el documento (y porqué no decirlo, para evitar actuar ante sus conclusiones) los informes se acompañan por defecto (también en este), del siguiente texto: “This document is not a formal publication of the United Nations Environment Programme and the World Health Organization and the views expressed therein are the collective views of the international experts participating in the working group and are not necessarily the views of the organizations”. Por tanto, no son “publicaciones oficiales” de la OMS y el PNUMA (aunque las promuevan, publiquen y sus afirmaciones en las notas de prensa las ratifiquen), y las “opiniones expresadas en ellas” no tienen porqué coincidir con las de estas organizaciones (¿datos, investigaciones y conclusiones a los que dan lugar, son “opiniones”?).
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| Sistema endocrino: glándulas endocrinas y algunas de las hormonas que fabrican (OMS/PNUMA. 2013) |
La salud humana depende del buen funcionamiento del sistema endocrino, que regula la liberación de hormonas esenciales para funciones tales como el metabolismo, el crecimiento y desarrollo, el sueño o el estado de ánimo.
Los PE pueden contaminar el medio ambiente sobre todo a través de los vertidos industriales y urbanos, los desagües agrícolas o la incineración y vertido de basuras. La exposición humana puede producirse por ingestión de alimentos, agua o polvo, por inhalación de gases o partículas presentes en el aire o por contacto con la piel.
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| Los DE se encuentran en múltiples cosas diarias y entran en el cuerpo por ingestión, inhalación y absorción de la piel (OMS/PNUMA. 2013) |
Además de la exposición a las sustancias químicas, hay otros factores ambientales y no genéticos, tales como la edad o la nutrición, que podrían estar en el origen del aumento observado de algunas enfermedades y trastornos. Sin embargo, las grandes deficiencias de los conocimientos actuales hacen que sea extremadamente difícil señalar con exactitud las causas y los efectos.
El informe formula una serie de recomendaciones para mejorar los conocimientos mundiales sobre esas sustancias químicas, reducir los riesgos de enfermedad y recortar los costos conexos. Entre ellas se encuentran las siguientes:
- Métodos analíticos: los PE conocidos representan solo la punta del iceberg, y son necesarios métodos analíticos más completos para identificar otros posibles PE, sus fuentes y las vías de exposición.
- Investigación: se necesitan más datos científicos para identificar los efectos de diferentes combinaciones de PE (sobre todo de origen industrial) a los cuales están cada vez más expuestos tanto los seres humanos como los animales salvajes.
- Notificación: muchas fuentes de PE son desconocidas porque la notificación e información sobre las sustancias químicas presentes en diferentes productos, materiales y bienes son insuficientes.
- Colaboración: un mayor intercambio de datos entre los científicos y los países puede contribuir a corregir las lagunas existentes, sobre todos en los países en desarrollo y en las economías emergentes.
Nick Nuttall
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| Algunas enfermedades y disfunciones potenciales por exposición temprana a los DE (OMS/PNUMA. 2013) |
Pero no seamos ingenuos. No es por valentía (de ninguna organización oficial). De ser valientes, ni se hubiera permitido la comercialización de todo esto; ni se hubiera permitido una legislación que lo amparara; y ni se hubiera hecho oídos sordos a la aplicación del principio de precaución, cuando empezaron a crecer "determinados" problemas de salud, y la abrumadora evidencia sobre ello, que hay desde hace tiempo. Tampoco se hubiera aceptado escuchar a los lobbies; ni se hubiera dado como válidas investigaciones sesgadas, pagadas por las industrias interesadas, con el objetivo de confundir y difuminarlas entre aquellas otras independientes (o sea, no "subvencionadas" por la industria).
Los pasos hacia adelante se están dando por los grados de pandemia, y por tanto de costes económicos para los estados que todo ello está suponiendo. Algo de ello se dice en la misma nota de prensa de la OMS y el PNUMA, aunque difuminado por otros elementos, para evitar que se identifiquen como elementos principales de interés.
Pero este es un problema, que no sólo atañe a la salud y a la capacidad productiva de las personas y seres vivos del planeta de hoy y a nivel global; sino que traspasa, a través de la genética, a las generaciones futuras de personas, fauna, flora y medio ambiente en general (lagos, mares, acuíferos, aire, etc.).Y esto, tiene y tendrá ya un coste sanitario, laboral, de consumo y de todo tipo, a cuyas cifras ni se les puede poner números (si es que se quisieran hacer).
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| El efecto de la exposición temprana a los DE puede manifestarse en cualquier momento de la vida (OMS/PNUMA. 2013) |
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| Los DE llegan al medio ambiente a través de medios tanto puntuales como difusos (OMS/PNUMA. 2013) |
“Hace un año, científicos chinos alertaron de que el rastro de los teléfonos iPhone, las tabletas iPad y las consolas Xbox 360, Wii y PlayStation 3 había aparecido en la leche materna de las mujeres de Shenzhen. (…) hallaron (…) niveles 'relativamente altos' de PBDE, compuestos empleados en las carcasas de plástico de aparatos electrónicos para que no ardan. La exposición de los niños a estas sustancias se ha relacionado con la falta de descenso de los testículos a la bolsa escrotal cuando son adultos, entre otros problemas reproductivos y del sistema nervioso.Y los PBDE no están solos. Forman parte de un enorme grupo de sustancias químicas, conocidas como disruptores endocrinos, relacionadas con cánceres de mama, de próstata y de tiroides, y también con problemas en el desarrollo infantil, como la hiperactividad, el déficit de atención y algunos trastornos neurológicos.Son componentes de pesticidas, cosméticos, plásticos, pinturas, detergentes industriales, anticonceptivos hormonales y un sinfín de sustancias químicas liberadas sin control al medio ambiente y capaces de alterar la salud de los seres humanos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) han publicado el informe más completo hasta la fecha sobre estos disruptores endocrinos.El informe, muy alarmante, señala que unos 800 químicos son capaces, o al menos sospechosos, de perturbar el sistema endocrino, el conjunto de órganos de nuestro cuerpo que producen hormonas, como ovarios, testículos, tiroides y páncreas. Sin embargo, alertan la OMS y el PNUMA, "sólo una pequeña parte de estos productos químicos han sido investigados en ensayos capaces de identificar efectos endocrinos evidentes en organismos intactos".Según subraya el informe, "la gran mayoría de los productos químicos de uso comercial en la actualidad no se ha probado en absoluto". Hay cientos de miles de sustancias químicas sintéticas en uso, y muchas de ellas ni siquiera son identificadas por los fabricantes en sus etiquetas, así que los expertos de la OMS y el PNUMA advierten de que sólo se ve "la punta del iceberg".(…) "La rapidez con la que ha aumentado la incidencia de estas enfermedades descarta los factores genéticos como única explicación plausible", explican los autores del informe, coordinados por Åke Bergman, de la Universidad de Estocolmo. Detrás de esta epidemia de trastornos endocrinos se encontraría la exposición a estos químicos, como demuestran pruebas en laboratorio (…)Los autores del documento piden medidas para reducir la exposición a estos contaminantes y recuerdan las prohibiciones y restricciones de otras sustancias químicas, como el plomo, el insecticida clorpirifós, el pesticida tributyltin y los PCB, aislantes de equipos eléctricos que afectan al desarrollo intelectual de los niños. Estas restricciones disminuyeron la aparición de los problemas asociados a estos químicos tanto en la salud de las personas como en el medio ambiente. La UE también ha actuado contra algunos disruptores endocrinos, como el bisfenol A, que se utilizaba en el plástico policarbonato de los biberones hasta 2011. (…)”.
“Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta del aumento de la exposición humana a los disruptores endocrinos, por ello han pedido con "urgencia" una investigación más completa sobre cómo estas sustancias químicas, que pueden alterar el sistema hormonal (de humanos y animales), afectan a la salud y al medioambiente.(…) se encuentran en muchos hogares y subproductos industriales (…)”.
“Los disruptores endocrinos son unos compuestos químicos capaces de simular el comportamiento de las hormonas. Entre ellos están los ftalatos, empleados en la industria como ablandadores de plásticos, las benzofenonas, que se encuentran en los filtros ultravioletas de las cremas solares, los parabenes, usados para extender la caducidad de productos cosméticos como los champús, o el bisfenol A (BPA) presente en plásticos (policarbonato y resinas epoxi).
(...) Ayer, (...) anunciaron el contenido de un informe encargado a 16 especialistas para evaluar las evidencias científicas relacionadas con los efectos de estas sustancias. Una de sus principales conclusiones es que estos compuestos químicos son una “amenaza global” de la que hay que estar pendiente.
El documento apunta la existencia de unos 800 componentes que causan o son sospechosos de producir alteraciones en la regulación hormonal. Solo “una pequeña fracción” de ellos, advierten los investigadores, han sido analizados para comprobar los efectos que provocan en la salud de las personas.
En 2002 se elaboró un informe similar al presentado ayer. Entonces no se pudo ir más lejos de plantear la “débil evidencia” que existía de que la salud se viera afectada negativamente por la exposición a los disruptores endocrinos. Diez años después, los resultados son radicalmente distintos. Los investigadores plantean abiertamente que hay nuevos indicios que vinculan a estos compuestos químicos con problemas reproductivos (ya sea por infertilidad, tumores o malformaciones) o con efectos sobre la tiroides, el funcionamiento cerebral, la obesidad y el metabolismo.
La actividad disruptora, insisten, va más allá de alterar mecanismos de acción de los estrógenos y los andrógenos o la actividad de la tiroides. (...) problemas (...) no solo en humanos, (...) alteraciones (...) desórdenes inmunitarios o metabólicos (...) tumores (...), acumulación de grasa en el cuerpo.”
-IARC/OMS. IARC classifies radiofrequency electromagnetic fields as possibly carcinogenic to humans, 2011.
Histórica nota de prensa, difundida el 31 de mayo de 2011 por la International Agency for Research on Cancer (IARC), que pertenece a la OMS. El título declara que “La IARC clasifica los campos electromagnéticos generados por radiofrecuencias como posiblemente cancerígenos para humanos”. El PDF, de 6 hojas en inglés, se encuentra en este enlace de MI ESTRELLA DE MAR, en el capítulo "Cuatro documentos oficiales clave en el camino del reconocimiento de los problemas de salud producidos por los campos electromagnéticos".
“Esa resistencia, provocada por un consumo innecesario de los medicamentos, provoca 25.000 muertes al año en Europa”.
Nota de prensa original en inglés sobre el informe motivo de esta entrada en MI ESTRELLA DE MAR (el comunicado es idéntico a la versión en español y se difundió el mismo día —19 de febrero de 2013—).
Plan de acción mundial para la salud infantil y el medio ambiente, 2010-2015.

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