 |
Portada de Materiales de Reflexión n. 69, monográfico sobre tóxicos de la CGT |
UNAS PALABRAS DE PRESENTACIÓN
DE MI ESTRELLA DE MAR
Este mes de febrero, “Materiales de Reflexión“ (suplemento central del periódico “Rojo y Negro” de la CGT -Confederación General del Trabajo-) iniciaba nueva etapa, para la que se elegía como tema la relación causa-efecto entre químicos sintéticos tóxicos y enfermedad (en concreto, los COP -Contaminantes Orgánicos Persistentes- y sus resultados como contaminadores invisibles del organismo humano).
“Materiales de Reflexión” se publica desde 2003 y tiene carácter monográfico (ver todos los números online aquí), mientras que Rojo y Negro -mensual-, tiene más de 25 años de historia (1984-2009) y una tirada consolidada de 30.000 ejemplares (20.000 vía subscripción y 10.000 para los locales de la CGT). Además, ambos se publican online.
Todo ello supone que el número de febrero de Materiales de Reflexión -dedicado a concienciar sobre la incidencia directa de los químicos en la salud-, ha llegado y llega a un amplio sector de población, tanto a nivel de calle como a través de Internet.
En él, he tenido la oportunidad de aportar un artículo de divulgación que, como es lógico –como afectada y por mi propia trayectoria temática en la red- he optado por orientar hacia la sensibilidad química múltiple con el fin de difundir la patología en un ámbito tan interesante para crear conciencia sobre ella, como el sindical.
Desde aquí, agradecer que desde la CGT se pusieran en contacto con MI ESTRELLA DE MAR para participar en tan ilusionante proyecto a través de la redacción de este artículo.
El número de Materiales de Reflexión de febrero se titula: “Más allá del sueño de los Borgia (contaminantes orgánicos persistentes)”, haciendo con ello un guiño a uno de los capítulos de la ya clásica obra “Primavera silenciosa”, de Raquel Carlson (1962), denominado así.
Precisamente se abre el número con un párrafo de este libro:
“La contaminación de nuestro mundo no es solo asunto de pulverizaciones masivas. En realidad, para la mayoría de nosotros esto es de menor importancia que los innumerables contactos a pequeña escala a que estamos sujetos días tras día, año tras año. Como el constante gotear del agua que acaba horadando la piedra, ese contacto desde el nacimiento a la muerte con peligrosos productos químicos, puede sernos al final, desastroso. Cada uno de esos roces continuos, por ligeros que sean, contribuyen al progresivo crecimiento de sustancia químicas en nuestro cuerpo y al envenenamiento por acumulación...”.
Dar las gracias al equipo de Redacción de la CGT (por posibilitar que viera la luz un número de Materiales de Reflexión tan comprometido en la incidencia de los químicos en la salud, para hacer llegar esta temática a tantas personas para hacerlas "caer" y reflexionar sobre el entorno en el que ACTUALMENTE VIVIMOS INMERSOS), a Emilio Alba (el "enlace") y a Alex Romera (autor de la foto que encabeza el ejemplar, hecha especialmente para este número -ver a continuación-, y con la que plasma perfectamente lo que es el cúmulo de tóxicos que alberga nuestro cuerpo, en forma de “carga tóxica”).
Reseñar la gran amabilidad, facilidad y flexibilidad mostrada por el equipo para conmigo, con el fin de facilitar mi participación en el número (dado que cuando me contactaron en enero, mi salud no me permitía apenas mantenerme delante del ordenador).
Es por su generosidad al respecto, que hoy tenéis a vuestra disposición mi aportación como llamada de atención a los lectores (desde aquí, y desde los diferentes formatos en papel y online del periódico y de su separata)... tanto como persona, como en calidad de afectada de una patología directamente causada por un entorno completamente saturado de químicos sin control, que apenas podemos evitar en el día a día. Podéis ver el artículo a continuación...
TAL Y COMO ESTÁ EL MUNDO DE CONTAMINADO, ¿CÓMO ES POSIBLE QUE HAYA GENTE QUE NO CREA QUE LA SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE EXISTE...?
foto: © Alex Romera.
Regalo del autor a Mi Estrella de Mar. Prohibida su reproducción sin autorización.
DESCARGAR EN PDF EN:
Aviso legal (de aceptación obligatoria por usted si desea descargar materiales del SISS): no modifique; comercialice; ni aloje o difunda fuera del SISS su contenido, archivos, o URL de sus archivos. En su lugar, comparta las entradas del SISS (así no perderá el acceso a sus archivos si cambian sus URL en el futuro; dará la oportunidad a otros de visitar un sitio riguroso para informarse; y ayudará al SISS a seguir su trabajo gratuito). Si fotocopia un pdf, no altere su contenido, y cite su fuente y URL.
|
María José Moya Villén
(Materiales de Reflexión nº 69, febr. 2010)
Queramos o no verlo, lo cierto es que nuestra salud cada vez está más relacionada con el entorno en que vivimos.
A su vez, la salud de aquellos que sucedan a los que hoy estamos aquí, dependerá indudablemente del mundo que les dejemos y de una genética cada vez más deteriorada por el contexto.
En este sentido, lo cierto es que vivimos rodeados de MILLONES DE QUÍMICOS SINTÉTICOS supuestamente inocuos a bajas dosis, pero de los que no sabemos sus efectos acumulativos y de interacción, unos con otros, 24 horas al día, toda la vida, incluidos los nueve meses dentro del vientre materno.
Aún por separado, no conocemos sus consecuencias a medio-largo plazo, aunque de algunos ya se tiene constancia de su participación en el origen o agravamiento de gran variedad de patologías. Pero a pesar de ello, siguen coexistiendo con todos nosotros: adultos, niños, embarazadas, ancianos, personas de constitución fuerte o débil, sanos y enfermos puntuales o crónicos…
Son tóxicos ambientales que respiramos o entran a través de nuestra piel (caso del humo de los tubos de escape, de las fábricas o del tabaco) ; y productos químicos que la sociedad consumista en que vivimos hemos convertido en “imprescindibles” gracias a la perseverante labor de marketing de la industria hacia el ciudadano, a golpe constante de talonario durante más de un siglo, en un doble frente:
Por un lado, el de convencer a través de una machacona omnipresencia de sus excelencias; y por otro, el de hacer olvidar los remedios tradicionales pasados de generación en generación a través de una labor de desprestigio y simultánea implantación de la idea de que “lo natural (y moderno) es tener cientos de productos para cada cosa, en vez de unos pocos (sencillos y ecológicos) para todo”.
Hacer un mero listado mental de elementos supuestamente indispensables de todo tipo que utilizamos y con los que convivimos día a día sin pensar, debería invitarnos -cuanto menos- a reflexionar sobre el mundo en que vivimos inmersos:
- En limpieza los hay para muebles (de sky, piel, piel sintética, madera, madera tropical, de interior, de exterior; de mantenimiento; para manchas resistentes) ; de suelo (tenemos para fregar y aromatizar; abrillantar; azulejos, parqué natural, parqué sintético) ; de baño (para desinfectar, la cal, retardar el ensuciamiento, ambientar) ; para la ropa (para la blanca, la negra, la de color; para mezclar sin alterar los colores; para tonos resistentes o delicados; tejidos de un material u otro; para aplicar en seco de mancharnos fuera de casa…). Y así un suma y sigue: productos para cristales (ventanas, pantallas de ordenador, gafas), para metales (bronce, plata, cerraduras, bisagras)…
- En acicalamiento personal, se ofrecen cientos de combinaciones para el pelo (mascarillas, suavizantes, champú-sensación-frescor, fijadores) ; para higiene íntima (toallitas, geles, cremas, desodorantes -de bola, de spray, crema, con/sin alcohol-) ; para cosmética (pintalabios-efecto-mojado, rímel-doble-efecto…) ; para ropa y complementos.
- En alimentación, se introducen pesticidas para verduras y frutas ; y para animales que luego consumiremos -incluidos los de piscifactoría-: hormonas, antibióticos, medicamentos, comida con químicos y elementos de engorde artificial. A su vez, el pescado de mar es un hecho ya que se encuentra contaminado por metales pesados a causa de continuos vertidos de gasoil, basura y catástrofes ambientales.
A tal contexto alimentario habría que añadir el de los químicos extra que el producto llevará en caso de convertirse en comida envasada, sobretodo de ser precocinada (conservantes, colorantes, espesantes-emulgentes, aditivos, antioxidantes, acidulantes, potenciadores del sabor...). En fin.
- En cuanto a electrodomésticos, muebles y construcción de edificios, de algunos de sus materiales ya se ha confirmado su toxicidad… (lo que no ha impedido no obstante que el interés por los beneficios económicos inmediatos haya seguido primando sobre cualquier intento de sustitución real por otros de carácter ecológico).
- Mención aparte merecen los sitios públicos como colegios, oficinas o piscinas (por cierto, cuyas aguas contienen gran variedad de productos aparte de cloro), en donde se multiplican los elementos acabados de reseñar a través de fumigaciones preventivas continuas (cuyo efecto se potencia en edificios cerrados o defectuosos), comedores basados en alimentos con “buena presencia” y alta caducidad, instalación masiva de ambientadores, limpieza rutinaria con productos agresivos tales como desinfectantes y lejía, etc.
En definitiva, estamos utilizando miles de químicos, dentro de una dinámica de locura colectiva de "síndrome de hospital" frenético y compulsivo, con el objetivo puesto en la conveniencia de una supuesta esterilización a través de tales productos que, como es lógico promueve la industria química a través de agresivas campañas publicitarias al respecto.
¡Como si es que en vez de estar realizando una simple labor rutinaria de limpieza y mantenimiento de un entorno normal en el que es lógico que haya bacterias, estuviéramos intentando desterrar de nuestro entorno la peste bubónica!.
Inexplicablemente, las mismas personas en lucha por hacer de sus casas pseudo-hospitales son las que luego suelen omitir directrices básicas verdaderamente importantes para evitar o minimizar enfermedades, y que de lógicas resulta incomprensible que no se incorporen, aún por intuición.
Por ejemplo, a nivel personal, lavarse las manos cada vez que sea necesario (como antes de manipular la comida o después de ir al baño), comer sano y sin añadidos químicos, y vivir en sitios despejados de tóxicos. Y a nivel social, estornudar tapándose la boca y girando a un lado ; y mantener las calles limpias no escupiendo en el suelo, no orinando en la vía pública, haciendo uso de las papeleras, etcétera.
Y poco más...
La cuestión es que el exceso de químicos en el que vivimos, y su constatación tóxica, es una realidad cada vez más evidente para todos, pero sobretodo para los que por ello hemos enfermado o hemos visto agravar nuestras patologías.
En este sentido, cada vez es mayor el número de afectados por alteraciones inmunológicas, formas específicas de cáncer, alergias, asmas, Sensibilidad Química Múltiple, fetos con problemas, y en general patologías varias derivadas de la pérdida de contacto del Ser Humano con la Naturaleza y su inmersión brutal en este cóctel de químicos sintéticos abrumador en que vive -al igual que el Planeta-, para mayor loa de los bolsillos de unos cuantos.
Pero ese mismo Ser Humano sigue sin darse por aludido... Prefiere pensar que “son exageraciones de un puñado de neuróticos” y que si todos esos químicos están en el mercado es porque se habrán probado y son inocuos... que pensar, y dudar.
A ellos decirles (si no escogen la estrategia del avestruz de meter la cabeza bajo tierra como si no pasara nada), que se informen de por qué fue necesario crear por parte del Parlamento Europeo tanto la Directiva REACH, en 2006 (nacimiento que intentó frustrar el lobby industrial durante largos años); como la resolución europea de 2008 -[2]- con la expresa preocupación parlamentaria por los problemas cada vez más evidentes entre salud y químicos sintéticos tóxicos.
Pero claro, es más fácil tranquilizar nuestras conciencias mirando a otro lado y hacer “como si no pasara nada” -ni para uno mismo, ni para los suyos-, que despertar de este Matrix en que vivimos, para actuar en consecuencia.
En este contexto, la Sensibilidad Química Múltiple (enfermedad ambiental emergente crónica, invalidante, multisistémica, y que obliga al enfermo al aislamiento en los casos más severos para no agravar la patología), aún siendo la patología más directamente relacionada en cuanto a causa-efecto con los químicos sintéticos tóxicos dado que cualquier colonia, ambientador, etc. que sus afectados huelan les crea múltiple sintomatología ; sin embargo, a día de hoy, la SQM sigue sin ser reconocida oficialmente por la Organización Mundial de la Salud a través de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) -[3]-. Con ello, la OMS ofrece el marco “adecuado” para que sus afectados sean ignorados a todos los niveles (médica, jurídica y socialmente).
Y es que no debe ser cómodo (ni útil económicamente) admitir desde arriba que algo se debe estar haciendo mal cuando el ecosistema del Planeta entero se está viendo alterado en su totalidad, y el número de enfermos con patologías directa o indirectamente relacionadas por los químicos sintéticos que, o promueves (caso de la industria), o toleras (de ser político u organismo oficial), está creciendo tan espectacularmente.
¿Pero cuándo rechazar un problema lo ha hecho desaparecer o ha evitado que sus afectados dejen de luchar por lo que es justo? (en este caso, el reconocimiento oficial de los que ya hemos enfermado, y la creación de políticas de prevención -eficaces- para el resto). Entonces, ¿qué sentido tiene seguir negando nuestra existencia, sino es el de mantener el status de los grandes intereses en los que el ciudadano vive inmerso, y por los que su único valor real de cara a la industria y las administraciones es el de convertirlo en mero comprador compulsivo?.
Lamentablemente, dentro de esta vorágine de influencias la salud es el precio que estamos pagando por vivir en un mundo cegado por los intereses económicos de una Sociedad del Bienestar de valores engañosos. Y esa evidencia, cada vez es más abrumadora por mucho que quiera obviarse.
“MI ESTRELLA DE MAR”
(adaptación de un artículo de 2007 del mismo título)
Artículo publicado en:
- Materiales de Reflexión (n. 69. febrero 2010), autores: Raquel Carlson, Emilio Alba y María José Moya. 4 hojas (separata de la revista Rojo y Negro, n. 232 febrero 2010. CGT. 20 págs.).
Notas:
[3] Sin embargo, ya hay países que conscientes del problema se han ido adelantado a la OMS para incluir la SQM en sus políticas (EEUU, Canadá, Australia, países nórdicos…) o en sus sistemas nacionales de salud (Alemania, Austria y Japón, estando Italia en proceso).
OTRA INFORMACIÓN DE INTERÉS SOBRE LA CGT Y SUS PUBLICACIONES
Materiales de Reflexión nº 69, de febrero de 2010,
en la cabecera online de la web de la CGT
=>
Rojo y Negro n. 232. febr. 2010 (periódico de la separata Materiales de Reflexión n. 69, reseñada en esta entrada): se puede descargar en la web de Rojo y Negro (
pinchando aquí) o en el
archivo online de Mi Estrella de Mar (pinchando aquí).
La separata no va incluida.
=> CGT (Confederación General del Trabajo): cumple su centenario este año, 1910-2010.
=> Ateneo Confederal de la CGT: tiene como objetivo “la divulgación de la cultura antagonista a través del fomento del pensamiento crítico”. Entre sus actividades, edita “Materiales de Reflexión”.
=>
Entre otros eminentes autores a los que la CGT ha invitado a participar en "MATERIALES DE REFLEXIÓN" se encuentran los autores del libro “Conspiraciones tóxicas”,
Miguel Jara, Joaquín Vidal y Rafael Carrasco, en el n. 47 de Materiales de Reflexión (sept. 2007), con el título, “Lobbies industriales. ¿Quién gobierna el mundo? Las élites que deciden sobre nuestra salud y el medio ambiente” (PDF,
pinchando aquí).