EL TABAQUISMO EN LOS SERVICIOS SANITARIOS
Este post, quizá moleste a alguien, pero me da igual, es un tema del que quiero hablar, ya que me afecta directamente muchas de las veces. Hablo de ese gran vicio que corrompe el organismo, como tantos otros, pero sin duda devastador a largo plazo. El tabaco. Y no es que pretenda dar aquí soluciones para dejar de fumar o remedios increíbles que anuncian en la tele, allá cada cual con su vida.
Digo esto, porque yo trabajo en un vehículo sanitario, y una gran parte de la gente que trabaja en este sector, fuma, cosa muy respetable, pero ahora viene la pregunta: ¿Se puede fumar en la ambulancia?. Pues rotundamente NO, por dos motivos. El primero es por respeto hacia el compañero, ya que si no es fumador lo vamos a hacer fumador pasivo, y tampoco tiene porque tragarse el veneno que los fumadores inhalan. El segundo, es que en un vehículo sanitario, está prohibido fumar, y por muy buenas razones. Hay sin duda quien dirá, (es más, ya me lo han dicho), que si se fuma en la cabina de la ambulancia no pasa nada. Vamos a ver señores, ¿acaso la cabina de la ambulancia, no es ambulancia también? Pregunto.
Otro hecho bastante lamentable, es ir a las urgencias fumando, qué imagen para nosotros, tranquilamente acudimos y con tiempo a fumarnos un cigarrito antes, para relajarnos. Y si el asunto económico no está para demasiados lujos, pues usamos tabaco de liar, y nos lo liamos dentro de la ambulancia, y a la vista de todos, y que piensen lo que quieran, al fin y al cabo es tabaco... o no. Pues para más INRI, añadiré que a veces el conductor fumador, ha hecho más recorrido hasta el lugar de la urgencia, sólo para poder acabarse el cigarrillo o darle un par de caladas más. Esto es más que triste, patético, amén que cuando salimos a una urgencia, cada segundo cuenta, ya que nunca sabemos con certeza a qué nos vamos a enfrentar hasta que llegamos. Señores fumadores, vayan comportándose con respeto y profesionalidad hacia sus compañeros, y sobretodo hacia los pacientes que esperan de ustedes una actuación profesional y de calidad.
Sin duda hay gente que fuma, y este vicio lo aparca en los momentos del servicio, cuando suena el teléfono y nos movilizan es decir cuando salimos a una urgencia (aunque por desgracia son los que menos), pero hay otros, que justamente hacen lo contrario, justo al subir a la ambulancia se encienden el cigarrillo, añadiendo argumentos tales como: “es que si no me duermo” (si es de noche) o “es que después de comer toca”, o “es la hora del cigarrillo”... y así miles de excusas cuanto menos estúpidas para justificarse. ¿Se les puede llamar a estos señores profesionales? Lo dudo, pero así van las cosas, y lo peor de todo, es que vestimos un uniforme, y la gente tiende a generalizar en cuanto una persona de uniforme da mala imagen o mal ejemplo, es lo malo de los colectivos.
Vayan tomando nota, y planteándose si ésta es su profesión, donde el atender urgencias sanitarias requiere de profesionalidad y entrega. Veo muy bien que el repartidor de paquetería se encienda el cigarrillo conduciendo (aunque no debiera, ya que provoca distracciones al igual que un móvil), ya que los paquetes no se quejan, ni respiran, ni tiene prisa por entregarlos. En mi opinión en la ambulancia no se puede ni se debe fumar, sobretodo al acudir a los servicios o en ellos. Y a partir de aquí, sírvanse vuesas mercedes de tomárselo a bien o con bicarbonato. Buen día a todos.
Fuente: Una Estrella en el Camino (16/09/09).
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(1) A pesar de esta entrada, mi simpatía hacia los equipos de salud "de calle" sigue palpable. Para que se entienda el por qué, explicaré -desde la subjetividad pero no desde la pena- los motivos, que no son otros que el que gracias a la labor que hacen a diario personas como Santi para con mucha gente, entrelazando para ello profesionalidad y humanidad, ese buen quehacer anónimo me tocó un buen día recibirlo a mí, y como dice el refrán, "es de bien nacidos ser agradecidos". Mi testimonio al respecto fue como sigue:
Tras más de un año de esfuerzo titánico por seguir con mis labores domésticas -al menos las más básicas- y mi trabajo de bibliotecaria-documentalista, me encontré con períodos cada vez más largos de imposibilidad para levantarme de la cama, y que acabaron siendo la tónica predominante de mi día a día. Durante ese tiempo, me trasladé al trabajo en taxi para poder llegar hasta él; y reduje al mínimo mi jornada laboral (pasando de un horario de mañana y tarde de lunes a viernes, a sólo 3 tardes/semana con 6 horas totales de contrato, aunque ni aún así logré una capacidad productiva mínima y las faltas constantes por problemas de salud fueron la tónica general).
Cuando el SAMUR llegó en septiembre de 2005 a casa, llamado por terceras personas, yo llevaba ya dos días en cama por extrema fatiga, fotofobia, sudores y disnea, y sin comer.
El trato que me dieron fue respetuoso, comprensivo con mis dolencias y cariñoso. Me impactó más aún por el hecho de que, dados mis cada vez mayores problemas de salud para salir a la calle, eran las primeras personas que veía en mucho tiempo, excepto los de mi empresa y poco más. Sentadas en mi cama, estas personas me hicieron ver -con tacto- que dado que constataban que el grado de severidad que presentaba en mis patologías no eran compatibles con lo de "vivir sola e independiente", tenían que dar parte a los Servicios Sociales para que se hicieran cargo de los quehaceres básicos de mi día a día con el fin de que yo pudiera recuperar alguna energía y así evitar crisis de fatiga tan intensas por motivos tan nimios pero insuperables para mí como ir a la compra una vez a la semana, hacer la comida y llevar la casa.
También fueron a hacerme la compra a mi tienda ecológica.
Todo de forma discreta, rápida y eficiente. Siempre les estaré agradecida por el trato amable y el tacto con que me hablaron y actuaron sin conocerme de nada, ni esperar nada a cambio; y de forma que yo no me sintiera mal con ello. Esas cosas, no van en el sueldo de nadie...
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